domingo, 31 de octubre de 2010

Pervigilium Omnium Sanctorum

Yes, I know, "Jalogüin [Spanish phonetics]" is an imperialist infiltration of the American culture, and here we should celebrate all saints day, but I don’t care. Today, the purpose of a holyday is to ensure the right of workers to a paid vacation, and consuming so that the economy runs smoothly and the aforementioned right can be more than a wish.
I will not waste an entire day kneeling with clasped hands and muttering in Latin with the absurd hope of communicating with someone who does not exist. Why does the Catholic Church insist so much on reminding me that because of obscurantist that delayed the advancement of medicine like them my grandmother and my sister are dead? Don’t I spend enough time thinking about death already that I need to spend a whole day more thinking about it?
In "Jalogüin" one dresses oneself up and eats sweets, which for me is almost a definition of having fun, which is the purpose of a holiday (not exactly, but I'll ignore this inaccuracy), and consumes, which serves to keep afloat the system that allows the holiday to exist. So why all the complaining? If you don’t think sweets are healthy, give fruit, which is sweet and healthy, and if you think that horror movies are going to traumatize your child, you may need to rethink carrying him to a cemetery or telling him stories about the martyrdom of saints.
Anyway, we can continue complaining about the loss of the “castizo [genuinely Spanish]” and ignoring that these Christian rituals are only reconverted astrological-agronomical pagan festivals or we can use one of those privileges that the architects of the enlightenment could not even dream of and that we despise so much that we don’t even get up our couches to protect (for example, by voting).

WARNING: Translator traitor.



Si, ya lo sé, lo de "Jalogüin" es una "imperialistada" cultural americana, y que aquí deberíamos celebrar el día de todos los santos, pero me da igual. Hoy en día el propósito de una fiesta es el de asegurar el derecho de los trabajadores a unas vacaciones pagadas, y que consuman para que la economía vaya bien y este derecho pueda ser algo más que un deseo.
No pienso desperdiciar un día entero juntando las manos arrodillado y murmurando en latín con la absurda esperanza de comunicarme con alguien que no existe ¿Por qué se empeña tanto la iglesia católica en recordarme que por culpa de oscurantistas que retrasaron el avance de la medicina como ellos mi abuela y mi hermana están muertas? ¿Acaso no me paso suficiente tiempo ya pensando en la muerte como para dedicarle un día entero?
En "Jalogüin" uno se disfraza y come chucherías, lo que para mí es casi una definición de pasárselo bien, que es el propósito de las vacaciones (no exactamente, pero voy a dejar pasar esta inexactitud), y además consume, lo que sirve para mantener a flote el sistema que permite estas vacaciones. Entonces, ¿Por qué tanta queja? Si las chuches no le parecen sanas, regale fruta, que es dulce y sana; y si le parece que las pelis de terror van a traumatizar a su hijo, quizás deba replantearse lo de llevarlo a un cementerio o contarle historias sobre martirios de santos.
En fin, que podemos seguir quejándonos sobre la perdida de lo castizo e ignorando que estos rituales cristianos no son más que festivales astrológico-agronómicos paganos reconvertidos o podemos aprovechar uno de esos privilegios con los que los ilustrados no podían ni soñar y que nosotros despreciamos tanto que ni nos levantamos del sillón para protegerlos (por ejemplo, votando).

PELIGRO: Traductor traidor.

Vale!

1 comentario:

  1. Entre una fiesta y la otra, no me quedo con ninguna. Supongo que la esencia del Halloween es ir pidiendo chucherías por las casas, pero la propia arquitectura de nuestro país ya lo impide (escaleras de vecinos y bloques de pisos); así que podríamos dejarlo correr.

    Es curioso, porque durante nuestros días, nuestras décadas; asistimos a la transformación de una festividad, tal y como les pasó a los paganos hace un porrón de años y a otras culturas cuando el cristianismo fundió sus creencias con las paganas. Ahora mismo está ocurriendo eso, y sólo el tiempo dirá en lo que resulta.

    En mi opinión, como ya he dicho antes, acabaremos en una especie mezcla rara, en la que los niños no pueden practicar el Halloween pero que a la vez ya habrá perdido el tinte tétrico de el asunto de los muertos; que es una de las cosas menos bienvenidas de estas fiestas.

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